De la Calle
Rufino tiene 15 años y vive en las calles de la ciudad de Méjico. Consigue dinero de hacer pequeños trabajos y de participar a escondidas del negocio de venta de droga que tienen “La Seño” y “El Ochoa”, un policía judicial sin escrúpulos que controla el barrio donde viven. Un día, empujado por las circunstancias, Rufino roba dinero a Ochoa desatando así la persecución y el acoso del policía.

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